Una mirada a los ancianos saharauis desde el exilio

Ali Salem Iselmu

Desde tiempos pasados los ancianos saharauis siempre se han adaptado de forma impecable a la vida en el desierto, asumiendo un liderazgo en las decisiones más duras que afectan a las sociedades nómadas, desde el conocimiento profundo de la propia naturaleza de la tierra, una naturaleza dura y áspera que siempre le ha permitido a las personas mayores ser los guías y oteadores en busca del ganado y el pasto.

Un anciano en el Sahara es un pequeño libro de historia y sabiduría que nos permite hacer un viaje a través del tiempo en busca de ese pasado mágico que nos habla de batallas, sequías y lluvias identificando cada fecha con la nomenclatura poética de los sucesos que caracteriza a la cultura saharaui.

En el Sáhara Occidental siempre se ha tratado con cariño y respeto a las personas mayores dentro de la familia. La mayoría de los problemas que tienen que ver con la supervivencia en el desierto, cuando una comunidad tiene que trasladarse de un sitio a otro o buscar agua; muchas veces acuden a la experiencia de los abuelos porque ellos poseen una fuente de memoria inagotable.

Con el inicio del éxodo en 1975 comienza una etapa novedosa para la mayoría de la población beduina que vivía cuidando sus rebaños de cabras y camellos a lo largo de todo el territorio y por primera vez tienen que asentarse en los Campamentos de Refugiados Saharauis debido al inicio de una guerra que llevó a cabo Marruecos para ocupar militarmente el Sahara Occidental expulsando a niños, mujeres, hombres y ancianos.

En el caso concreto de los mayores muchos perdieron la vida durante la huida porque no pudieron soportar el largo trayecto que tuvieron que recorrer bajo un abrasante calor de día y un gélido frío por la noche, con unas temperaturas extremas sin alimentos, ni agua y bajo el acoso permanente de la aviación marroquí. Los que llegaron con vida tuvieron que enfrentarse a un clima mucho más duro que el de su tierra renunciando a su filosofía de nómadas y asentándose en una tierra pedregosa y llena de salinas.

Con el inicio de la guerra, los ancianos quedaron en la retaguardia haciendo una labor de vigilancia dentro de los campamentos junto con las mujeres que levantaron las primeras jaimas y construcciones para gestionar mejor esa primera etapa del conflicto que duró hasta 1991 con la entrada de la Naciones Unidas y el fin del enfrentamiento bélico entre el Frente Polisario y Marruecos.

A partir de la entrada en vigor del cese el fuego se vivió una situación de aparente calma en los campamentos dentro de la cual, los ancianos tenían mucho tiempo libre y se reunían alrededor de un juego característico de los saharauis que consiste en dibujar un tablero sobre la arena con cuarenta casillas para cada jugador y el rival que logra preservar sus fichas aniquilando las contrarias gana la partida; así se reúnen muchos y empiezan a hablar del pasado a compartir sus experiencias y deseos de volver a su tierra y a sus andanzas de beduinos acampando de un lugar a otro.

En los Campamentos de Refugiados Saharauis se creó un servicio de asistencia social para el tema de los niños y ancianos, que tiene como objetivo fundamental proteger a las poblaciones más frágiles, dotándolas de medios básicos para luchar contra las enfermedades típicas que vienen derivadas de una pobre alimentación, agua en mal estado no apta para el consumo y una condiciones climáticas extremas que producen diarreas, ulceras, hipertensión, cataratas y otras enfermedades.

Los servicios sociales tienen que aumentar su trabajo durante los meses de verano porque se enfrentan a unas temperaturas que suelen llegar a los 52º, lo que aumenta el número de fallecimientos en la población de la tercera edad y agrava la situación de los enfermos dentro de los propios hospitales, ante este desafío producido en buena medida por el propio clima los mayores pasan el día dentro de las jaimas bebiendo mucha agua y a la noche duermen a la intemperie, buscando un soplo de aire fresco.

Actualmente hay jóvenes voluntarios como es el caso de la Brigada Sumud que se dedica a la asistencia y cuidado de los ancianos repartiendo pañales, medicinas, alimentos y creando espacios de ocio y reunión para que estas personas puedan emplear su tiempo y afrontar la situación de exilio acompañados del calor de la sociedad.

Y en recuerdo a los que no están con nosotros y a los que siguen soñando con respirar la brisa del océano que les vio nacer, a nuestros legendarios abuelos hombres de libro y fusil dedico este poema titulado ABUELO:

El ardor del pasado expresa tu nombre,

rescata tu historia,

antepone tus pensamientos

y enaltece tu largo transcurrir.

La memoria de la historia

te ofrece su homenaje,

te corona en el exilio.

El largo pasar de los años

te va llevando, abuelo, hacia

el futuro impredecible,

te recuerda las viejas epopeyas

llevándote de su mano,

incluso abrazándote.

La presencia de tu andar

cada día entre nosotros

y tu inagotable recuerdo

te llevan hacia la fuente de la gloria

en la que hallarás el sublime descanso de tu obra.

Fuente : Generación de la amistad saharaui

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